Mi mano acaricia suavemente tu pelo, tu cuello, tu cintura y la subo rápidamente hasta tu nuca, para llevar tu boca cerquita de la mía. Dos centímetros separan tu boca de la mía, rozo ligeramente mis labios con los tuyos, los humedezco con mi aliento hasta por fin meter mi lengua en tu sedienta boca. Te como la boca con fuerza, como si del último beso se tratara. Te abrazo casi con violencia, tu cuerpo se funde con el mio. Mis manos se van a tu cintura para situarte a horcajadas sobre mis piernas. Sin separar mi lengua de la tuya, me deshago de tu sujetador. Te miro a los ojos y una pícara sonrisilla se dibuja en tu cara. La punta de mi lengua se desliza por tus pechos blancos como mis letras sobre papel. Tus pezones están duros y erectos como mi polla. Me tumbo hacia atrás, y tú, estás encima mía. Tus pechos se oprimen fuerte sobre mi torso. Tus besitos inundan mi cuello y van bajando hasta mi pecho, hasta mi abdomen… Me muestras tu braguitas, tienen un mensaje para mi, el cual no contemplo, ni por un momento, la idea de hacer caso omiso a ello. Vuelvo a besarte, saborear tu lengua, morder tus labios. Nuestras piernas se enredan como la hiedra. Nuestros sexos se unen cada vez con más fuerza. Me pongo sobre ti sin dejar de besarte, abres tus piernas, permitiéndome acceder a tu gloria. Quiero complacer tus mayores fantasías, tus mejores deseos. Tu cuerpo arde de pasión. Mi cuello quema por el calor que desprende el aliento de tus jadeos. Mi boca es la tuya, y tu boca es la mía. Te sientes mía, te domino con mi mirada. Mi polla hace estremecer tu cuerpo, tus gemidos son la única vía de escape de tus sensaciones. Una explosión de emociones ocurre en tu interior, abres los ojos y me ves a mi. Sonries y me besas. Tu besos se vuelven más tiernos. Me abrazas para no separte de mi en toda la noche, en toda la vida.
